Filiación, por Juan Pablo Perez

04/05/2015


Cuando empecé a poder decir que era hija de padres desparecidos, eso
para mí era como contarle a la gente que mis padres acababan de morir.
No hay condolencias, nadie dice: “lo siento”. Creen que ya fue todo, hace
mucho tiempo, veinte, treinta y cinco, cuarenta o cien años atrás y no se
dan cuenta de que, para una hija recién enterada, es como si los padres
se acabasen de perder. Nunca está completo este duelo tardío, solitario,
a destiempo.

Ángela Urondo Raboy (“Incondolentes”, ¿Quién te creés que sos?-2012)

La muestra Filiación de Lucila Quieto realizada en 2012-2013 presenta parte de la serie de collage donde la artista propone la búsqueda de parecidos físicos y gestuales entre descendientes de una rama familiar atravesada por la tragedia de la desaparición y la rotura de lazos familiares durante la última dictadura cívico-militar. Un duelo pensado en imágenes y en la reconstrucción de la familia que queda. Indagar en las filiaciones permite hilvanar los recuerdos orientados hacia la reparación de los pequeños y grandes traumas del cuerpo colectivo. En lo personal, duelar -como propone Mariana Eva Pérez-implica referirse a la desaparición del padre: Carlos Alberto Quieto, militante de Montoneros secuestrado el 20 de agosto de 1976. Estas piezas en torno a la biografía familiar intentan rearmar un vínculo expresamente anulado, un cuerpo violentamente ausentado que continúa desaparecido. Tal es el lenguaje irreverente y reparador en que aparecen fragmentos de múltiples memorias traducidas por la propia subjetividad de los hijos(as).
Con HIJOS, en los años noventa, se inicia un proceso de resistencia y reconstrucción de una memoria obliterada. Emergencia necesaria que abrió el diálogo intergeneracional entre el arte y la política en una generación que busca referenciarse en los setenta a través de la reivindicación militante de los padres.
En este sentido, el lenguaje del collage utilizado por Lucila Quieto propone una ruptura con los parámetros formales de representación de la memoria. Lejos de fijar y cristalizar un relato uniformado y lineal, explora fragmentariamente la propia historia mutilada y disgregada asumiendo una nueva marca generacional.
En sus obras el juego de imágenes se construye como bloques de madera para armar: rastros de las fotografías del álbum familiar, las imágenes en blanco y negro del padre con el retrato escolar de delantal blanco, mapas escolares y distintos elementos orgánicos de la naturaleza. Esa naturaleza viva enlazada a momentos quebrados del pasado, hilvana hoy nuevas metáforas visuales que tratan de evitar la amnesia colectiva, y reactivar otras subjetividades que se hunden en la urdimbre filiar de los recuerdos.

Juan Pablo Pérez

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