Acerca de “Un discurso para el gatillo fácil”, libro de Gabriel Sarfati*

Por Jorge Etchenique, sociólogo

En tren de reflexionar sobre el tema, todo sistema impone un “orden” determinado, tanto físico como en jerarquía de valores. A partir de esta premisa, cada modelo de acumulación contempla sobrantes mínimos o máximos y ensaya discursos legitimadores de esa exclusión. Ahora bien, por población sobrante no sólo debe entenderse la eliminada por gatillo fácil, sino también tornar invisible a los excluidos que no se puede “aniquilar”, por emplear un verbo que legalizó el genocidio mayor.

 

     El libro de Gabriel Sarfati contempla centralmente cuatro casos testigos : El primero de ellos es un menor (Sergio Durán / Morón-1992), con una forma de vida que parece aludir a un trabajo de Susana Torrado -”Vivir apurado para morirse joven”- que refiere a las variables demográficas que permiten hablar de la reproducción intergeneracional de la pobreza. Los casos restantes son sobre la ejecución de Ing. Budge (1987), el caso Bordón (Mendoza, 1997) y el de Javier Rojas Pérez (1995, sur bonaerense). Las fuentes usadas son especialmente medios gráficos y la parte final está dedicada a un enfoque teórico -Gramsci, Foucault y otros autores- sobre  el análisis contextual del discurso en general y del periodístico en particular.

     Este último aspecto nos explica el título del libro y el tipo de técnica que emplea el autor: el análisis del discurso ¿Y qué tipo de discurso?: el discurso legitimador, el que busca crear consenso, el que se introduce en el sentido común, el que naturaliza. Para ello, las noticias sobre los casos son analizadas a través de su ubicación, su centralidad o no, la secuencia, el lenguaje empleado, etc.

     Metodológicamente, tan importante como eso es definir el término clave. ¿De qué estamos hablando cuando decimos gatillo fácil?. Una de las definiciones citadas en el libro es la aceptada por los organismos de derechos humanos en general , o sea “toda muerte o daño provocado por un uniformado en forma ilegal, se utilicen armas de fuego o no”. Esta definición amplía el alcance que damos cotidianamente a “gatillo facil”. La palabra “uniformado” parece señalar a alguien que tiene vestidura institucional otorgada por el Estado (puede ser alguien público o privado) para usar la fuerza. No es casual que la sigla CORREPI signifique Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional. Supone también que no necesariamente debe mediar la muerte y que el término ilegal está utilizado en tanto sinónimo de extra-judicial.

     Ya que mencioné la CORREPI, quiero agregar que un estudio suyo señala que los casos de gatillo fácil no han desminuido en los últimos ocho años y que la franja etárea de 15 a 25 años es la 2/3 partes de todos los casos.

     Uno de los argumentos predilectos del discurso legitimador -analizado en el libro- es descalificar a la víctima en función de su vida previa y presentar el desenlace como una consecuencia natural de ella. Y otro recurso muy transitado por la prensa es presentar a los testimonios de los familiares como comprensibles desde el dolor, pero irracionales, lejos de todo criterio de verdad.

     En otros tópicos, es interesante la cita que hace el autor de la tortura como instrumento cotidiano por parte de las fuerzas de seguridad, lo que supone desechar el interrogatorio como técnica del trabajo policial.  También resulta ilustrativa la frase de que la policía se siente un verdugo social, depositario de un supuesto mandato de que está frente a alguien que merece un castigo, más allá de lo que opinen los jueces. Urbanamente, se trasunta en dos imágenes: los edificios judiciales como hábitat de la justicia y la calle como una tierra de nadie. En esta anomia, lo que sí necesitan la tortura y el gatillo fácil es un paraguas legitimador institucional, gestos oficiales de que hay luz verdes para ello.

     Es evidente que también sufren castigos graves y muerte personas igualmente indefensas en casos de robos y asaltos, en un estado generalizado que podemos llamar de violencia fácil. ¿Dónde está la diferencia, además de lo que significa la asimetría derivada de la violencia en manos del aparato estatal? ¿Cómo tratan los grandes medios ambas situaciones? Inducen a la aceptación social hacia uno de los bandos ejecutores porque lo hacen desde un supuesto eje del bien y en ese contexto son aceptados los “excesos”, los “daños colaterales” se diría en una guerra. Los rechazos están dirigidos a los que ejecutan desde un eje del mal porque son la parte enferma de la sociedad, de acuerdo con una concepción biologista/racista que no sólo los informativos, también la publicidad contribuye a formar.

     Todo esto quiere decir que sobrevive la lógica de la dictadura militar, ya incorporada al sistema en general.

     La utilización de grandes medios me permiten advertir que la utilización de este tipo de noticias es funcional para una estrategia mayor: la demonización de los espacios públicos. El uso de todo el clima de inseguridad se hace para presentar al espacio público como de extremo peligro donde todo puede pasar y que todo extraño es una amenaza. Sin embargo, las estadísticas señalan que la mayoría de los casos de agresión suceden en los espacios privados y a cargo de personas del mismo entorno de la víctima. La consecuencia buscada es la reclusión de las personas en sus casas y en ese escenario aislado es el preferido por los mass media para manipular/perpetuar esa lógica del sistema.- 

 

* “Un discurso para el gatillo fácil”, de Gabriel Sarfati. Ediciones del Centro Cultural de la Cooperación.

Etiquetas: , , , ,

Dejá un comentario

Creative Commons License

Desarrollo y mantenimiento RCC - Red Cooperativa de Comunicaciones C.P.S.L.

Realizado con herramientas de Software Libre bajo licencia GPL