Archivo de la categoría ‘ensayo’

Tributo a Lhasa de Sela

Tributo a Lhasa de Sela en el
Dia Mundial del Cáncer de Mama

Miércoles 19 de Octubre / 20hs / Plaza de Colegiales, Av. Alvarez Thomas1100 /Gratis

tributolhasa

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Marcelo Ezquiaga presenta el Hombre Golpe en el CCC

VIERNES 16 de SEPTIEMBRE

MARCELO EZQUIAGA
presenta

“HOMBRE GOLPE”

En la Sala Osvaldo Pugliese del CCC

2330 hs puntualisimo, 24 hs cierra la boleteria y arranca

(Centro Cultural de la Cooperacion)
Av Corrientes 1543
entradas $ 30
(anticipadas en la boleteria desde el miercoles 14)

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Hombre Golpe en el camino

La gira Hombre Golpe ya pasó por: Santiago de Chile, Chillán y Talca (en Chile),

Rosario, Villa María -Córdoba, Mendoza,
San Luís, Corrientes, Chaco, Santa Fe,
Córdoba capital, Santiago del Estero, Tucumán y Salta (en Argentina) y Montevideo (en Uruguay),
**

Durante los meses de marzo, abril, mayo y junio, Marcelo Ezquiaga realiza una gira por diferentes ciudades de Argentina, Chile y Uruguay, presentando lo que es su último disco de estudio, HOMBRE GOLPE (Marzo 2011), segundo de su carrera solista. En este caso grabado en formato trío con Fernando Samalea en batería y bandoneón, más Santiago Capriglione en bajo.

Este álbum fue seleccionado como “disco del mes” para marzo por el prestigioso Club del Disco, y ya está disponible en disquerías del país.

La grabación hecha en los estudios ION de Capital Federal, incluye 10 nuevas canciones compuestas y producidas por Marcelo Ezquiaga con su fina impronta de pop fuerte, visceral. Con su sonido único de rock sin guitarras.
Como invitados están German Cohen (Onda Vaga y Satelite Kingston) en trombón y Andrés Ravioli (Brian Storming) en trompetas. En el tema “El gaucho vive y muere en su ley”, 1° corte del disco, participan Pablo Malaurie (El festival del beso) y Pablo Romagnoli (Dancing Mood) tocando flautas traversas.
El arte gráfico de Hombre Golpe incluye ilustraciones del reconocido artista plástico Alejandro Contreras Moiraghi.
**

Hombre Golpe se descarga gratis en
http://www.marceloezquiaga.bandcamp.com

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La Burla graba CD en vivo en La Pugliese

El viernes 19 de agosto en el marco del Ciclo Emergencia La Burla graba su disco en Vivo!!! en la Sala Osvaldo Pugliese, que obvio, les dará suerte!!!

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La Burla es una banda que curiosamente combina su origen rural con la sofisticación de la canción folk/pop más actual. Su música se asienta sobre un mundo emotivo amplio; las letras registran una conciencia del amor y la libertad como elecciones colectivas y la idea de vivir con sensibilidad alerta la plenitud de cada momento. Este concierto será grabado y editado como un disco en vivo incorporando a su formación típica: banjo, ukelele, flautas y trombón entre otros instrumentos, con invitados especiales y alguna que otra sorpresa

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Macri y los músicos jóvenes. Otra Mentira…

Una imagen vale más que mil palabras. Ni hablar este video. Además les paso esta nota que bien podría adaptarse a lo patético y ridículo del actual Jefe de Gobierno de  la Ciudad de Buenos Aires.

Lanzamiento de Macri - UN candidato sin ritmo.

Arrítmico. Así se lo vio a Mauricio Macri, en su lanzamiento a la reelección, luego de que se bajara, volanteando de apuro, de la carrera a la presidencia. Ya lo había hecho otra vez allá por 2007.

De sonrisa ensayada y camisa sport el hombre del PRO intentó disimular lo incómodo de su reacomodamiento político entre “sus” jóvenes, globos multicolores y remeras amarillas el pasado sábado 7 de mayo en un club de Villa Pueyrredón. La música, el baile, los tibios estruendos y algunos abrazos de esos fríos, aparecen como la utilería de su política de campaña. Una farsa de la militancia. Los discursos brillaron por su ausencia. ¿El debate y propuestas de ideas? Bien gracias.

Al Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el mismo de la inoperancia galopante; de la designación de Jorge “Fino” Palacios al frente de la Policía Metropolitana; el imputado por las escuchas ilegales; el del recorte en infraestructura y equipamiento para Escuelas Públicas; el del desmantelamiento del Programa Cultural en los barrios; el del cierre compulsivo de locales para la presentación de espectáculos musicales; el de la criminalización de la juventud y la pobreza; el exponente de la verba xenófoba ante los sucesos en el Indoamericano; sólo para nombrar algunos puntos de su gestión… Sí, a ese mismo, se lo vio sin ritmo, al comienzo de su campaña, ensayando un pasito espástico sobre una pasarela, moviendo la cintura, con los brazos hacia arriba mientras trataba sin éxito de subirse al compás de “No me arrepiento de este amor”, una cumbia de Gilda, ya un mito religioso de la emergente cultura popular.

Fue un acto violento, aparentemente divertido, que cobró real magnitud cuando la recoleta mujer de Macri, Juliana Awada subió a danzar con él. ¿Qué nos dice ese baile? Allí donde lo grotesco y la vergüenza ajena cruzan sus caminos, aparece el paso de baile de este matrimonio, esa es la imagen que costará sacar de la memoria. Acaso por esa suerte de morbo colectivo que nos une. “Parece ayer cuando arrancamos con el desafío de hacer política de otra manera”, fue una de las pocas frases que disparó el Jefe de Gobierno porteño. Pero ¿Qué rol cumplió la música en eso que Macri llama “forma de hacer política? A su política, una no gestión, le corresponde una no música. Al silencio de ideas le corresponde el ruido. El objetivo era que la música lo tapara todo: rock, reggae, reggaetón, cumbia, puestos al servicio del “no decir”, de la no política. Política de elite. Su baile es parte de la falsa fiesta. Allí reside su acto violento, él violenta no sólo un género musical popular que se aloja en las antípodas de su gen de niño bien, sino que violenta, trasgrede algo del orden de la conformación del ciudadano, del sujeto político. La música -como otra dimensión de lo político- visibiliza la matriz ideológica del ex candidato a presidente opositor. Coherente a su ideología la música fue un objeto en el acto, una herramienta. No fue cultura, no fue una construcción colectiva, ni una comunión de sonidos y gestos que se retroalimenta entre artistas y espectadores. No hubo libertad. Nuestra historia abunda de experiencias político-culturales libres, genuinas y democráticas que en definitiva a fuerza de tensiones o confraternidad construyen la identidad nacional de los pueblos. Pensemos solamente en los Festejos del Bicentenario, por nombrar un caso. Pero la música y la democracia tienen un recorrido a tumbos a lo largo de la historia, pero un recorrido rico y trascendente. La tradición del cantar político democrático la podemos rescatar allá por el 1916 cuando gran número de piezas destacaban la gesta radical de Yrigoyen. Por ejemplo en la milonga “Quejas Gauchas” que dice: “Hoy al criollo han libertado / plantando aquí el modernismo/ después que con heroísmo / este suelo ha libertado / Que canejo se han pensado / los que al gaucho no le apoyen / los mesmos gobiernos no oyen / las quejas del criollismo: el único criollo lindo es Hipólito Yrigoyen”. Ni hablar de las canciones anarquistas que relataron la realidad de los perseguidos, la Semana Trágica y los genocidas fusilamientos en la Patagonia. Sin embargo “La Internacional” y “Los muchachos peronistas”, más allá o más acá, marcaron el vínculo entre música y doctrina militante durante el siglo 20. La actualidad política también presenta su abanico musical, canciones compuestas con mayor o mejor suerte estética para los candidatos de las próximas elecciones. Pero todas siguen la tradición del ejercicio democrático, esa idea de hacer más querible al candidato, de conseguir votos, de musicalizar un proceso político, de competir. Allí la música no pierde su esencia, no es convertida en mera herramienta apolítica, no se usa para tapar los baches dejados por la carencia de discurso, no es parte de un no decir, ni construye falsas fiestas. Arritmico, así se lo vio a Mauricio Macri.

Por Mariano Ugarte

Periodista, coordinador del Área de Música del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.

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Mauricio Macri: Un candidato sin ritmo

Arrítmico. Así se lo vio a Mauricio Macri, en su lanzamiento a la reelección, luego de que se bajara, volanteando de apuro, de la carrera a la presidencia. Ya lo había hecho otra vez allá por 2007.

De sonrisa ensayada y camisa sport el hombre del PRO intentó disimular lo incómodo de su reacomodamiento político entre “sus” jóvenes, globos multicolores y remeras amarillas el pasado sábado 7 de mayo en un club de Villa Pueyrredón. La música, el baile, los tibios estruendos y algunos abrazos de esos fríos, aparecen como la utilería de su política de campaña. Una farsa de la militancia. Los discursos brillaron por su ausencia. ¿El debate y propuestas de ideas? Bien gracias.

Al Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el mismo de la inoperancia galopante; de la designación de Jorge “Fino” Palacios al frente de la Policía Metropolitana; el imputado por las escuchas ilegales; el del recorte en infraestructura y equipamiento para Escuelas Públicas; el del desmantelamiento del Programa Cultural en los barrios; el del cierre compulsivo de locales para la presentación de espectáculos musicales; el de la criminalización de la juventud y la pobreza; el exponente de la verba xenófoba ante los sucesos en el Indoamericano; sólo para nombrar algunos puntos de su gestión… Sí, a ese mismo, se lo vio sin ritmo, al comienzo de su campaña, ensayando un pasito espástico sobre una pasarela, moviendo la cintura, con los brazos hacia arriba mientras trataba sin éxito de subirse al compás de “No me arrepiento de este amor”, una cumbia de Gilda, ya un mito religioso de la emergente cultura popular.

Fue un acto violento, aparentemente divertido, que cobró real magnitud cuando la recoleta mujer de Macri, Juliana Awada subió a danzar con él. ¿Qué nos dice ese baile? Allí donde lo grotesco y la vergüenza ajena cruzan sus caminos, aparece el paso de baile de este matrimonio, esa es la imagen que costará sacar de la memoria. Acaso por esa suerte de morbo colectivo que nos une. “Parece ayer cuando arrancamos con el desafío de hacer política de otra manera”, fue una de las pocas frases que disparó el Jefe de Gobierno porteño. Pero ¿Qué rol cumplió la música en eso que Macri llama “forma de hacer política? A su política, una no gestión, le corresponde una no música. Al silencio de ideas le corresponde el ruido. El objetivo era que la música lo tapara todo: rock, reggae, reggaetón, cumbia, puestos al servicio del “no decir”, de la no política. Política de elite. Su baile es parte de la falsa fiesta. Allí reside su acto violento, él violenta no sólo un género musical popular que se aloja en las antípodas de su gen de niño bien, sino que violenta, trasgrede algo del orden de la conformación del ciudadano, del sujeto político. La música -como otra dimensión de lo político- visibiliza la matriz ideológica del ex candidato a presidente opositor. Coherente a su ideología la música fue un objeto en el acto, una herramienta. No fue cultura, no fue una construcción colectiva, ni una comunión de sonidos y gestos que se retroalimenta entre artistas y espectadores. No hubo libertad. Nuestra historia abunda de experiencias político-culturales libres, genuinas y democráticas que en definitiva a fuerza de tensiones o confraternidad construyen la identidad nacional de los pueblos. Pensemos solamente en los Festejos del Bicentenario, por nombrar un caso. Pero la música y la democracia tienen un recorrido a tumbos a lo largo de la historia, pero un recorrido rico y trascendente. La tradición del cantar político democrático la podemos rescatar allá por el 1916 cuando gran número de piezas destacaban la gesta radical de Yrigoyen. Por ejemplo en la milonga “Quejas Gauchas” que dice: “Hoy al criollo han libertado / plantando aquí el modernismo/ después que con heroísmo / este suelo ha libertado / Que canejo se han pensado / los que al gaucho no le apoyen / los mesmos gobiernos no oyen / las quejas del criollismo: el único criollo lindo es Hipólito Yrigoyen”. Ni hablar de las canciones anarquistas que relataron la realidad de los perseguidos, la Semana Trágica y los genocidas fusilamientos en la Patagonia. Sin embargo “La Internacional” y “Los muchachos peronistas”, más allá o más acá, marcaron el vínculo entre música y doctrina militante durante el siglo 20. La actualidad política también presenta su abanico musical, canciones compuestas con mayor o mejor suerte estética para los candidatos de las próximas elecciones. Pero todas siguen la tradición del ejercicio democrático, esa idea de hacer más querible al candidato, de conseguir votos, de musicalizar un proceso político, de competir. Allí la música no pierde su esencia, no es convertida en mera herramienta apolítica, no se usa para tapar los baches dejados por la carencia de discurso, no es parte de un no decir, ni construye falsas fiestas. Arritmico, así se lo vio a Mauricio Macri.

Por Mariano Ugarte

Periodista, coordinador del Área de Música del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.

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