
Archivo de la categoría ‘electrónica’

Les paso la nota de PK Bellas del Sí de Clarín sobre Guauchos, los formoseños que tocan hoy en el Ciclo Emergencia
http://www.si.clarin.com/Chacarera-for-ever_0_542346001.html
Chacarera for ever
Desde la húmeda Formosa, aterriza una de las mejores fusiones de folclore y rock de los últimos tiempos.
- 25.08.2011 | Por José Bellas jbellas@clarin.com

Luca Prodan solía decir que encontraba mucho más rock en esos tipos que se tomaban una damajuana y después se tocaban 40 chacareras seguidas que en muchas bandas de género que veía en la escena porteña. Otra obsesión del italiano era Formosa: le parecía un nombre fascinante, aún desconocido por él.
Guauchos, un quinteto formoseño, toca chacareras. Matizadas con rock progresivo/latino/pop. Están en el umbral del virtuosisimo, pero prefieren ahorrarse la extralimitación de la técnica en los arreglos y en las voces. Pueden ir de Faith No More y Café Tacuba al Cerati de Fuerza Natural y Aterciopelados. Skay Beilinson se cuenta entre sus fans y hoy a la medianoche podés chequear su vivo en la sala Pugliese del CC de la Cooperación (Corrientes 1543).
Hijos de la devastadora inundación que sacudió la provincia en 1982, el cantante Federico Baldus y el guitarrista Juan Miguel Castellani se conocen desde los días en que sus hermanos mayores tocaban en una de las bandas más populares de la provincia: Los Teresos. “Teníamos 10 años y andábamos ahí, chusmeando. Nos pusimos a tocar y pasamos a ser Los Teresitos”, cuenta Juan.
El proyecto arrancó formalmente hace 5 años. Federico admite que “las canciones fueron naturalmente yéndose a lo folclórico. Componíamos, salía una melodía y cuando ibamos a la base, quedaba una chacarera o una zamba”.
Coincidiendo con Luca, dicen: “Encontramos que en la chacarera hay una intención de rock muy fuerte. Si vos estás en una guitarreada de esas que duran hastalas 7 de la mañana, quedás atrapado y es muy para arriba, entrás un vértigo”. No es casualidad que uno de sus mejores temas se llame Chakarenga, aunque no aluda al grupo de Chizzo. “Tiene que ver con la síncopa, como que tiene un tiempo y viene cojeando. Antes era más renga todavía, la enderezamos un poco más”.
A la palabra fusión le tienen respeto, pero no miedo. A diferencia de tantos proyectos que intentan aggiornar tango y folclore, acá el resultado suena natural y para nada forzado. “Nos sale naturalmente. Nunca craneamos eso de: ‘Che, acá hagamos un 6 x 8′. Nada de eso”. Pero tampoco le temen a incluir covers folclóricos, como Te voy a contar un sueño (Jacinto Piedra) y Déjame que me vaya (Roberto Ternán y Cuti Carabajal). ¿Y el nombre de la banda? “Salió como chiste y después descubrimos que es un arbusto americano que enciende aún verde. Eso le dio más sentido”.
El viernes 19 de agosto en el marco del Ciclo Emergencia La Burla graba su disco en Vivo!!! en la Sala Osvaldo Pugliese, que obvio, les dará suerte!!!

La Burla es una banda que curiosamente combina su origen rural con la sofisticación de la canción folk/pop más actual. Su música se asienta sobre un mundo emotivo amplio; las letras registran una conciencia del amor y la libertad como elecciones colectivas y la idea de vivir con sensibilidad alerta la plenitud de cada momento. Este concierto será grabado y editado como un disco en vivo incorporando a su formación típica: banjo, ukelele, flautas y trombón entre otros instrumentos, con invitados especiales y alguna que otra sorpresa

Una imagen vale más que mil palabras. Ni hablar este video. Además les paso esta nota que bien podría adaptarse a lo patético y ridículo del actual Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Lanzamiento de Macri - UN candidato sin ritmo.
Arrítmico. Así se lo vio a Mauricio Macri, en su lanzamiento a la reelección, luego de que se bajara, volanteando de apuro, de la carrera a la presidencia. Ya lo había hecho otra vez allá por 2007.
De sonrisa ensayada y camisa sport el hombre del PRO intentó disimular lo incómodo de su reacomodamiento político entre “sus” jóvenes, globos multicolores y remeras amarillas el pasado sábado 7 de mayo en un club de Villa Pueyrredón. La música, el baile, los tibios estruendos y algunos abrazos de esos fríos, aparecen como la utilería de su política de campaña. Una farsa de la militancia. Los discursos brillaron por su ausencia. ¿El debate y propuestas de ideas? Bien gracias.
Al Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el mismo de la inoperancia galopante; de la designación de Jorge “Fino” Palacios al frente de la Policía Metropolitana; el imputado por las escuchas ilegales; el del recorte en infraestructura y equipamiento para Escuelas Públicas; el del desmantelamiento del Programa Cultural en los barrios; el del cierre compulsivo de locales para la presentación de espectáculos musicales; el de la criminalización de la juventud y la pobreza; el exponente de la verba xenófoba ante los sucesos en el Indoamericano; sólo para nombrar algunos puntos de su gestión… Sí, a ese mismo, se lo vio sin ritmo, al comienzo de su campaña, ensayando un pasito espástico sobre una pasarela, moviendo la cintura, con los brazos hacia arriba mientras trataba sin éxito de subirse al compás de “No me arrepiento de este amor”, una cumbia de Gilda, ya un mito religioso de la emergente cultura popular.
Fue un acto violento, aparentemente divertido, que cobró real magnitud cuando la recoleta mujer de Macri, Juliana Awada subió a danzar con él. ¿Qué nos dice ese baile? Allí donde lo grotesco y la vergüenza ajena cruzan sus caminos, aparece el paso de baile de este matrimonio, esa es la imagen que costará sacar de la memoria. Acaso por esa suerte de morbo colectivo que nos une. “Parece ayer cuando arrancamos con el desafío de hacer política de otra manera”, fue una de las pocas frases que disparó el Jefe de Gobierno porteño. Pero ¿Qué rol cumplió la música en eso que Macri llama “forma de hacer política? A su política, una no gestión, le corresponde una no música. Al silencio de ideas le corresponde el ruido. El objetivo era que la música lo tapara todo: rock, reggae, reggaetón, cumbia, puestos al servicio del “no decir”, de la no política. Política de elite. Su baile es parte de la falsa fiesta. Allí reside su acto violento, él violenta no sólo un género musical popular que se aloja en las antípodas de su gen de niño bien, sino que violenta, trasgrede algo del orden de la conformación del ciudadano, del sujeto político. La música -como otra dimensión de lo político- visibiliza la matriz ideológica del ex candidato a presidente opositor. Coherente a su ideología la música fue un objeto en el acto, una herramienta. No fue cultura, no fue una construcción colectiva, ni una comunión de sonidos y gestos que se retroalimenta entre artistas y espectadores. No hubo libertad. Nuestra historia abunda de experiencias político-culturales libres, genuinas y democráticas que en definitiva a fuerza de tensiones o confraternidad construyen la identidad nacional de los pueblos. Pensemos solamente en los Festejos del Bicentenario, por nombrar un caso. Pero la música y la democracia tienen un recorrido a tumbos a lo largo de la historia, pero un recorrido rico y trascendente. La tradición del cantar político democrático la podemos rescatar allá por el 1916 cuando gran número de piezas destacaban la gesta radical de Yrigoyen. Por ejemplo en la milonga “Quejas Gauchas” que dice: “Hoy al criollo han libertado / plantando aquí el modernismo/ después que con heroísmo / este suelo ha libertado / Que canejo se han pensado / los que al gaucho no le apoyen / los mesmos gobiernos no oyen / las quejas del criollismo: el único criollo lindo es Hipólito Yrigoyen”. Ni hablar de las canciones anarquistas que relataron la realidad de los perseguidos, la Semana Trágica y los genocidas fusilamientos en la Patagonia. Sin embargo “La Internacional” y “Los muchachos peronistas”, más allá o más acá, marcaron el vínculo entre música y doctrina militante durante el siglo 20. La actualidad política también presenta su abanico musical, canciones compuestas con mayor o mejor suerte estética para los candidatos de las próximas elecciones. Pero todas siguen la tradición del ejercicio democrático, esa idea de hacer más querible al candidato, de conseguir votos, de musicalizar un proceso político, de competir. Allí la música no pierde su esencia, no es convertida en mera herramienta apolítica, no se usa para tapar los baches dejados por la carencia de discurso, no es parte de un no decir, ni construye falsas fiestas. Arritmico, así se lo vio a Mauricio Macri.
Por Mariano Ugarte
Periodista, coordinador del Área de Música del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.


Procesando ...




