Archivo de Diciembre de 2009

Un 2009 lleno de Música ¡Feliz 2010!

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Presentación de la Revista “En los bordes andando”

Invitamos este Lunes 7 de diciembre, a las 17:00hs., a la presentación del nº 2 de la revista ELBA (“En los bordes andando”) en la sala J. Laks. (3º piso) del Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543).

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Habrá lectura de los textos por las mujeres de la Unidad 31 de la Cárcel de Ezeiza y los jóvenes de la Unidad 26 de Marcos Paz.

 

Música en vivo por Julieta Sabanes

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Entrada libre y gratuita.

 

El taller de lectura y pensamiento “En los bordes andando” comenzó en agosto del año 2008 con las mujeres de la Unidad 31 de Ezeiza. El primer número de esta revista, en la que se publican reflexiones de quienes participaron de los encuentros, fue editado en abril de este año. En mayo se sumaron los jóvenes adultos de la Unidad 26 de Marcos Paz y en este nº 2 se incluyen también sus textos sobre Viajes y Rizomas

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Tiempos de la peña eléctrica

Folclore va con “c”, con “k” se escribía antes». La afirmación proviene de un discjockey que fusiona la electrónica y el folclore y que prefiere el anonimato. La expresión no devino en una discusión sobre el origen etimológico del término, sino en torno a los valores de lo nuevo y lo arcaico en la música popular. Fue una noche cualquiera en una Buenos Aires vertiginosa dispuesta a la diversión, en la puerta del boliche Niceto Club. Pero pudo ser en el Konex, en el Club Atlético Fernández Fierro, para dar sólo algunos nombres de locales donde las peñas no huelen a monumento telúrico, sino a dulce fiesta.

NUEVO ESPACIO. Fundado por Semilla encabeza una movida que convoca a un público juvenil con su mezcla de folclore, rock y electrónica.

l circuito del folclore en las grandes urbes funciona de manera aceitada. De los 60 a esta parte, las peñas se han constituido en puntos de encuentro para coterráneos o apasionados de las músicas regionales. En Buenos Aires, las casas de cada provincia publicitan a sus respectivos artistas. Pero el nuevo formato que están adquiriendo estos encuentros, hace que trasciendan las fronteras provinciales y se constituyan en ambientes «multipalos». Conviven armoniosamente seguidores del rock, la electrónica, la cumbia o la chacarera: desde hace un tiempo zapatear en zapatillas no es un sacrilegio.
Quien va a la cabeza de este fenómeno es La Peña Eléctrica, un encuentro de músicos que se podrían colocar con fórceps en el cruce del folclore, el rock y la electrónica. «La Peña Eléctrica es un desprendimiento del grupo Semilla. Siempre tratábamos de mantener un lugar alternativo, un lugar no sacralizado. No encajábamos en las peñas tradicionales porque no era el sonido que la gente esperaba y los otros músicos nos miraban raro. Eso pasa cuando una arriesga, cuando hay intentos de cambio dentro de una escena», asegura Gustavo Ameri, bailarín y cofundador.
A esta fusión entre estéticas y sonidos de raíz rural y urbana se suman artistas como Tonolec, Imperio Diablo, El Vislumbre del Esteko, Tremor, Santadiabla. También existe el Club Litoral, que con aire chamamecero presenta todos los meses en el Abasto a los Hermanos Núñez, Chacho Ruiz Guiñazú y otros, bajo la promesa de «baile, comidas típicas y sapucai».
«Está creciendo este fenómeno de la mano de lugares donde se respetan las músicas y se experimenta con el folclore», comenta a Acción Fernando Isella, músico y productor artístico. «No sé si hay un movimiento, descreo de esa idea. Lo que sí veo es que hay gente que está haciendo cosas copadas y no es el llamado folclore joven o moderno, que está más pegado a las canciones, a las tradiciones pero con voces jóvenes. Lo que me seduce es la experimentación y la mezcla entre sonidos folclóricos y electrónicos. Es una forma de unificar algunas cosas de este mundo globalizado», apunta el músico.
«No creo que nuestras peñas hayan generado un público nuevo: ya escuchaba folclore desde antes», sostiene por su parte Ameri. «Ese público estaba dando vueltas y encuentra en las propuestas nuevas un espacio donde vincularse con la música de acá pero con una mirada más actual. Las peñas tradicionales también son súper convocantes, pero la diferencia es que nosotros no somos fundamentalistas de ningún género o forma. Podemos programar primero una banda recontra santiagueña como El Vislumbre del Esteko y después a Fútbol, que hacen punk progresivo, y al final a Tremor con su base electrónica», explica Ameri. Para Fernando Isella, «la gente va a bailar una chacarera o una zamba, que es redifícil. Es una salida para los jóvenes, para pasarla bien y escuchar música».
El consumo de este «nuevo folclore» y el circuito emergente de peñas es un fenómeno que tuvo un crecimiento geométrico en los últimos años: fue copando espacios tanto en la cartelera de shows en vivo como en la producción discográfica y hasta en Internet. Por ejemplo Folklorear.com -creación del propio Isella- es una comunidad online sobre folclore latinoamericano, uno de los tantos sitios que unen a músicos, productores, fans y consumidores del género.
Pese a la crisis que está atravesando la producción discográfica, algunos trabajos merecen una mención aparte. En 2001 el músico Gaby Kerpel (también se presenta con su alter ego de King Coya), reconocido por su participación musical en el grupo de performance y teatro De La Guarda, grabó el disco Carnabailit» y tendió un puente para el encuentro entre electrónica y folclore. Luego vendría una lista de recomendables discos como Plegaria del árbol negro de Tonolec, que mezcla música toba con la electrónica; Viajante de Tremor; o los trabajos homónimos de Doña María y Semilla. Casualmente o no, aquel disco bisagra de Gaby Kerpel y el de Semilla fueron producidos por el multipremiado Gustavo Santaolalla.
La entrada a estos eventos se acerca más al ingreso a una disco. Adentro, lo que prima son las mixturas de sonidos, imágenes y sabores, que se encallan en el recuerdo de una kermese o se proyectan a una rave con sonido rural. El fenómeno es consumido por jóvenes, está claro. «Pero no es a propósito ni excluyente», se excusa Ameri. «La gente más grande suele querer siempre lo mismo a la hora de disfrutar y tiene más pruritos a la hora de meterse en un lugar en el que puede tener vino y empanadas pero capaz que no hay sillas, porque es un boliche. No se mantiene el formato criollo», afirma.
En las pistas se condensa la energía. Las sillas -si las hay- quedan al costado, las luces son bajas e intermitentes, con una bola de espejos que gira, como lo indica la «ley disco» desde que John Travolta bailara afiebrado. Pero en este caso se trata de revolear pañuelos y zapatear sin polvo. Comenta Ameri: «El baile es lo fundamental. Cuando la gente baila las músicas populares, es cuando se termina de cerrar el círculo entre la poesía, la música y el baile».

Mariano Ugarte

Ver Nota en:  http://www.acciondigital.com.ar/01-12-09/agenda.html

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