La dictadura convivió con el arte o viceversa. Como
en toda sociedad en la que manifestaciones artísticas coexisten con su época, en la Argentina durante el llamado Proceso de Reorganización Nacional, el arte -particularmente la música- se desarrolló mientras el país era minado de campos de concentración y se torturaba y asesinaba a miles de argentinos. Esa coexistencia fue, según el caso, por momentos tensa, clandestina, perseguida, valiente, o mediocre, cómplice, complaciente. Mientras tanto la represión y el control cultural se intensificaban como forma de implementar el modelo genocida.
¿Pero el rock, el género popular más masivo desde hace más de un lustro, fue perseguido? O ¿el rock sólo representa la rebeldía permitida?
Canto luego existo
Se ha escrito mucho sobre el rock nacional como fenómeno joven y sociocultural y sobre su papel como agente contracultural. Para muchos el rock nacional encierra una contradicción en sí mismo por su origen extranjero, pero podemos establecer que hay un rock argentino, propio, que lleva como fecha de nacimiento el 4 de junio de 1966. Ese día el grupo Los Beatniks graban la canción Rebelde, compuesta por Moris y Pajarito Zaguri..
Rebelde me llama la gente
rebelde es mi corazón
soy libre y quieren hacerme
esclavo de una tradición.
[...]
¿Por qué el hombre quiere luchar
aproximando la guerra nuclear?
¡cambien las armas por el amor
y haremos un mundo mejor!
“Era todo efervescencia; Buenos Aires hervía de creación y de resistencia a lo caduco. Había mil galerías de arte, salían revistas literarias todos lo días… Además ideológicamente había todo un torbellino político; estaba el boom de la literatura latinoamericana… En verdad se sentía estar generacionalmente embarcado en una renovación de gran magnitud, y el rock era parte ello”, sostiene Miguel Grimberg historiador del rock argentino rememorando los ‘60, una época que se desarrolló con el eco del fenómeno de Los Beatles, el hipismo, la guerra de Vietnam y la revolución cubana.
Cuando las Fuerzas Armadas toman el poder el 24 de marzo de 1976, el aparato represivo ya estaba en aceitado funcionamiento. El rock nacional cumplía unos diez años pero tenía poco para festejar, ya conocía de censuras, de prohibiciones y sobre todo de autocensuras.
Con la Dictadura Militar ya instalada la política de los funcionarios de turno en el terreno de la cultura y las artes era clara, había que mantener el control, generar el autocontrol y sometimiento, propagar el temor y la inmovilidad social.
Ya desde 1974, luego de la muerte de Juan Domingo Perón, con José López Rega como el hombre fuerte del gobierno, con la organización paramilitar Triple A en las calles, las listas negras, los atentados, la censura, la opresión y la persecución se volverían una constante en el campo intelectual y artístico. Sin embargo, ni el rock ni otros géneros musicales eran el objetivo principal del aniquilamiento genocida perpetrado por los militares.
“Como género musical, el rock no figuraba en la lista de cosas y personas que
los militares se proponían ‘aniquilar, reemplazar y erradicar’. No hubo quema de discos, pero sí discos de difusión restringida o directamente prohibida. No hubo músicos de rock desaparecidos, pero sí algunos secuestrados, torturados y amenazados. Hasta el interventor más desinformado podía darse cuenta de que esa gente de cabellos largos y vaqueros gastados, descuidados por padres irresponsables, no era una garantía para los valores de Occidente”, sostiene Sergio Pujol autor del libro Rock y Dictadura
Y esos valores cristianos y occidentales eran los que por ejemplo Francisco Carcavallo subsecretario de Cultura de la Provincia de Buenos Aires, a la hora de esbozar los postulados de la dictadura en materia de cultura sostenía: “Ha sido y será el medio más apto para la infiltración de ideologías extremistas. En nuestro país los canales de infiltración artístico-culturales han sido utilizados a través de un proceso deformante basado en canciones de protesta, exaltación de artistas y textos extremistas. Así logran influenciar a un sector de la juventud, disconformista por naturaleza, inexperiencia o edad”.
Este párrafo es sólo una muestra de las políticas llevadas a acabo por los funcionarios de facto para regular la actividad cultural a través de prohibiciones e informes de inteligencia. Por ejemplo sacar de los discos (los antiguos “LPs”) los temas “conflictivos” iba a ser una constante para los artistas argentinos.
La canción Juan Represión de Sui Generis fue una de las tantas canciones prohibidas
Juan Represión viste, un saco azul triste,
vive como pidiendo perdón
y se esconde a la luz del sol
Juan Represión sabe,
que no hay nadie que lo ame
las balas que la gente tiene
lo asesinaron de pie
Esta es la historia de un hombre
que supo muy pocas letras
y soñó con la justicia
de los héroes de la historieta,
y se disfrazó de bueno
con un disfraz de villano
y los malos de la historieta
son los seres cotidianos:
Pobre Juan, el odio le hace muy mal y espera
a tu muerte justo en una madrugada
en manos de la misma sociedad (…)
En 1977 la SIDE realizaba extensos informes en los que detallaba qué músicos eran peligrosos y debían ser silenciados. Como bien lo indica Darío Marchini en su trabajo No Toquen, en uno de esos documentos se detallaban procedimientos en disquerías donde se indicaban cuántos “discos subversivos” existían y quiénes eran los “comunicadores llave”. Utilizando la nomenclatura golpista estos artistas eran quienes le llenaban la cabeza a la juventud indefensa.
“De no adoptarse medidas que tiendan a impedir la producción y/o distribución de lo que bien puede denominarse ‘disco guerrilla’”, dice en uno de los fragmentos del informe de la SIDE. “Se aprecia que este medio de comunicación masivo continuará siendo utilizado por la subversión para lograr sus objetivos en el área psicosocial”, continúa.
¿Exilio o rock sin territorio?
Pero en 1976, el rock era apenas un enemigo menor. Sí, existieron boicots a algunos recitales y razias a la salida de los shows. Pero las razias policiales existieron en el rock desde los ‘60 y con la muerte de Walter Bulacio, como caso emblemático en tiempos democráticos, demuestra ser una práctica repetida en la tensa relación entre rock y orden policial.
Al momento del golpe en 1976, el rock en Argentina, que por ese entonces se denominaba “música progresiva”, se lo podría considerar apolítico y se había mantenido al margen de la radicalización política de fines de los 60 y principio de los 70. Los trabajos de Roque Narvaja y Pedro y Pablo figuran como excepciones que confirman la regla de un género que se mantuvo por fuera de las disputas ideológicas que predominaron en aquella época. En ese sentido Sergio Pujol afirma que la izquierda argentina siempre tuvo un discurso antiimperialista, y al “rock se lo veía como una avanzada cultural del imperialismo”, sostiene el especialista en consonancia con lo que Javier Martínez del grupo Manal hiciera público: “La izquierda decía que el rock era música decadente, burguesa, capitalista, norteamericana, que intentaba que la juventud socialista del mundo no tomara conciencia de clase. La derecha decía que el rock era un invento de las ideologías ateas para destruir el espíritu de la juventud cristiana de Occidente”.
En los primeros años de la dictadura la mayoría de los fundadores del movimiento estaba en el exterior, pero ya en 1979, (según algunos luego del Mundial de 1978) con el regreso de varios de los músicos exiliados y con cierta merma en los controles represivos, el rock comienza a fortalecerse. Para algunos esto responde a cierto papel acomodaticio, de muchos artistas que acordaron con funcionarios de la última dictadura militar para seguir trabajando.
En 1982, con una Gobierno Militar desgastado, que ya había desplegado de manera bestial el terrorismo de Estado, la Guerra de Malvinas actúa como una impensada catapulta que instala finalmente al rock local. Para aquel entonces se organizó el “Festival de la Solidaridad Latinoamericana”, en la cual los músicos pusieron en escena su mensaje de paz. ¿Incoherencia, patriotismo, solidaridad, oportunismo, ingenuidad? Ese es el debate.
En aquellos años, a meses del retorno al gobierno constitucional, la obligación de pasar música exclusivamente en castellano, el otorgamiento por parte de las autoridades de ciertas libertades al género y el regreso de los popes de la escena colocaron finalmente al rock en lo más alto del imaginario popular de la clase media urbanizada.
M.U.