
Recorrer en estos días una disquería para hallar lo que uno busca puede parecerse a entrar en un laberinto o toparse con un callejón sin salida. Porque la música no es lo que era, o al menos los géneros musicales. La búsqueda de muchos músicos que los lleva a ser eclécticos, incómodos -ese anhelo que convirtió al sonido en gesto artístico-, sumada a las modificaciones en los modos de consumo y reproducción permite aventurar que los géneros musicales, tal como se los conoce, van quizá hacia su desaparición o en todo caso no serán lo que fueron. ¿Se puede pensar que el tango ya no será tango, el folclore será otra cosa y el jazz sólo un recuerdo mimético oriundo de Nueva Orleans?
Un recorrido por los vericuetos del circuito musical, (artistas, discográficas, productores, festivales, etcétera) muestra una escena a la que quizá le quepa el nombre de desgenerada. Basta con recorrer las bateas de las disquerías para notar que hay discos que sólo con fórceps entran en determinado género y que categorías como «En castellano» o «world music», por dar dos ejemplos, encierran un guiso musical de ingredientes irreconocibles. Un guiso rico, por cierto, pero que responde más al dictado del mercado gastronómico-musical que a las lógicas culturales de cada país.
Los medios masivos de comunicación hacen lo suyo, segmentando, construyendo productos para un determinado y delimitado público. Nichos, le dicen. La oferta de programas de radios, canales de música, programas de TV por aire y por cable, revistas especializadas, suplementos en matutinos, sigue el mandato genérico. Un público para cada género, o viceversa, con su batería de estrellas, hits y merchandising.
Menos atados a los géneros, en cambio, están los artistas. Si bien no todos, sí muchos, cada vez más: aquellos que juegan con los géneros, con cada una de estas categorías rígidas y por lo tanto quebradizas.
¿Para vos los géneros se mueren?
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¿Habrá un sonido carcelario?
Antes de salir en libertad, en la celda tocaba como podía con una guitarra con dos cuerdas y mostraba su inspiración haciendo sonidos con la boca. “No paro de componer. Mi vida está “yugada”. Sin la guitarra me hubiese muerto acá adentro. Sólo pienso en salir y seguir con la banda”, dijo en su momento, entre mates, tortafritas y risas custodiadas en el Pabellón 12 de Devoto. “¿Te gustó el disco? ¿Sonamos no?”, preguntó. Hablaba de su disco Por el camino en el que vamos, que premonitoriamente contiene los temas Prisionero Sin Celdas, El errante o Contra el paredón.
Desde una postura solidaria muchos artistas, se suman a estas propuestas que apuestan a sortear los muros de la discriminación y apuntan a la integración de los internos.
que bailaba en el clásico y ya naif Rock de la Cárcel, pero la realidad es un poco más dura. Tal vez la visita a la Argentina a fines de 2007 de los suizos Repris de Justesse, banda de rock conocida también como R2J, sea el más acabo ejemplo internacional de los puentes construidos por la música entre el afuera y el adentro. R2J giró con su música por las cárceles del país, como lo viene haciendo, junto a voluntarios y en colaboración con distintas instituciones humanitarias, por diferentes cárceles del mundo desde hace 25 años.
olvieron obligatorias, reglamentarias y bien iluminadas luego de que la muerte de 194 pibes en Cromañón las pusiera en agenda. Mientras, un juicio para establecer responsabilidades, culpabilidades y negligencias tiene en vilo a gran parte de la sociedad, aunque el dolor no cesa.
artistas internacionales existe en nuestra sociedad un contexto concreto, muy cercano -pero a años luz de los portaligas de Madonna-: la crisis de la izquierda; la hegemonía del capitalismo autoritario; las tensiones entre globalización y localización; la asunción del horror histórico de la dictadura y la lucha por la memoria; la espectacularización de lo social, entre otros encantos contemporáneos. En la música argentina la “emergencia” se entiende y se vive como urgencia. Pero también el concepto de lo emergente remite a otra concepción seguramente más política. Raymond William nos hablaba de esto, de esa búsqueda de reconocer las relaciones dinámicas de todo proceso cultural, definiendo las categorías de lo dominante, lo residual y lo emergente. Podríamos resumir que lo residual es lo que ha sido formado en el pasado pero todavía se halla en actividad, es lo remanente de un pasado cultural o artístico; lo dominante se asimila a lo hegemónico siempre dinámico y lo emergente puede ser razonado como lo que lo dominante excluye; es decir, lo emergente es un conjunto de prácticas, de valores y de relaciones nuevas o alternativas y potencialmente revolucionarias. Lo emergente mantendría un carácter alternativo y transformador.
Hamacas al río, Flopa, Florencia Ruiz, Coiffeur, Aldo Benítez… y la lista se postula interminable atravesando vastos géneros. Son emergentes, aunque suelen ser cargados -desde lo estrictamente musical- con motes apolíticos como indies, unders, etc. Su arte revoluciona y tensiona.

Procesando ...




