Archivo de Mayo de 2009

¿Se mueren los géneros?

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Recorrer en estos días una disquería para hallar lo que uno busca puede parecerse a entrar en un laberinto o toparse con un callejón sin salida. Porque la música no es lo que era, o al menos los géneros musicales. La búsqueda de muchos músicos que los lleva a ser eclécticos, incómodos -ese anhelo que convirtió al sonido en gesto artístico-, sumada a las modificaciones en los modos de consumo y reproducción permite aventurar que los géneros musicales, tal como se los conoce, van quizá hacia su desaparición o en todo caso no serán lo que fueron. ¿Se puede pensar que el tango ya no será tango, el folclore será otra cosa y el jazz sólo un recuerdo mimético oriundo de Nueva Orleans?
Un recorrido por los vericuetos del circuito musical, (artistas, discográficas, productores, festivales, etcétera) muestra una escena a la que quizá le quepa el nombre de desgenerada. Basta con recorrer las bateas de las disquerías para notar que hay discos que sólo con fórceps entran en determinado género y que categorías como «En castellano» o «world music», por dar dos ejemplos, encierran un guiso musical de ingredientes irreconocibles. Un guiso rico, por cierto, pero que responde más al dictado del mercado gastronómico-musical que a las lógicas culturales de cada país.
Los medios masivos de comunicación hacen lo suyo, segmentando, construyendo productos para un determinado y delimitado público. Nichos, le dicen. La oferta de programas de radios, canales de música, programas de TV por aire y por cable, revistas especializadas, suplementos en matutinos, sigue el mandato genérico. Un público para cada género, o viceversa, con su batería de estrellas, hits y merchandising.
Menos atados a los géneros, en cambio, están los artistas. Si bien no todos, sí muchos, cada vez más: aquellos que juegan con los géneros, con cada una de estas categorías rígidas y por lo tanto quebradizas.

¿Para vos los géneros se mueren?

Para seguir leyendo: http://www.acciondigital.com.ar/01-06-09/informe.html

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Sonido entre rejas

carcel¿Habrá un sonido carcelario? Algo de eso se debate en estos días, por lo menos en foros y blogs especializados. Recientemente el mesiánico Charles Manson, el recordado líder norteamericano de la secta asesina “La Familia”, grabó un disco: One Mind. El álbum está compuesto por 16 canciones folk logradas sólo con su voz y una guitarra áspera grabadas rejas adentro en la prisión estatal de Corcoran, California, Estados Unidos. Pero éste no es el primer disco de Manson. En 1970 grabó Lie. The Love and Terror Cult para costear su defensa en un juicio que duró nueve meses y que finalmente lo condenó a cadena perpetua por conspiración y asesinato. One Mind, fue grabado en 2005 en la propia celda de Manson y se puede bajar gratis por Internet. Es una suma de canciones, poesías y de fondo se llegan a escuchar los altoparlantes de la cárcel y a otros presos que, durante un tema, hasta le piden un cigarrillo. Es frío, triste, tétrico. ¿Ese será el mencionado sonido carcelario? O se encontrará por ejemplo en las canciones de “El Chaca”, líder y cantante de Gente de barrio, una banda de rock barrial en ascenso, compuestas más cerca que California, acá en la cárcel de Devoto.

El Chaca cumplió una pena de tres años por tenencia y tráfico de drogas. carcel1Antes de salir en libertad, en la celda tocaba como podía con una guitarra con dos cuerdas y mostraba su inspiración haciendo sonidos con la boca. “No paro de componer. Mi vida está “yugada”. Sin la guitarra me hubiese muerto acá adentro. Sólo pienso en salir y seguir con la banda”, dijo en su momento, entre mates, tortafritas y risas custodiadas en el Pabellón 12 de Devoto. “¿Te gustó el disco? ¿Sonamos no?”, preguntó. Hablaba de su disco Por el camino en el que vamos, que premonitoriamente contiene los temas Prisionero Sin Celdas, El errante o Contra el paredón.

Lejos del preconcepto “Tumbero”, que con ritmo de cumbia villera y proyectado por las imágenes de la televisión, no hace más que criminalizar a aún más a la clase social más desprotegida, la música, su arte, llega a la cárcel. Digamos que es un viaje de ida y vuelta. Para el escucha en libertad, existiría cierta fascinación y morbo en el ejercicio de descubrir un arte intramuros. En cambio para el preso, la música funciona como vehículo de efímera libertad. Así lo entiende el programa oficial de “Música en las Cárceles” de la Secretaría de Cultura de la Nación, desde donde se organizan talleres de música y diversos conciertos. En 2007 y lo que va de este año, se presentaron Lidia Borda, Tata Cedrón, Coro Romero, Los Parraleños, La mancha de Rolando, entre otros.

carcel2Desde una postura solidaria muchos artistas, se suman a estas propuestas que apuestan a sortear los muros de la discriminación y apuntan a la integración de los internos. 

Si pensamos en rock y cárcel viene a la memoria la imagen de Elvis de 1957 elvisque bailaba en el clásico y ya naif Rock de la Cárcel, pero la realidad es un poco más dura. Tal vez la visita a la Argentina a fines de 2007 de los suizos Repris de Justesse, banda de rock conocida también como R2J, sea el más acabo ejemplo internacional de los puentes construidos por la música entre el afuera y el adentro. R2J giró con su música por las cárceles del país, como lo viene haciendo, junto a voluntarios y en colaboración con distintas instituciones humanitarias, por diferentes cárceles del mundo desde hace 25 años.

Sin embargo seguimos sin saber que es eso de “sonido carcelario”. Al margen de los debates en torno a la importancia del arte como herramienta de reinserción, lo cierto es que la música entra a los pabellones y celdas, fisura el encierro, entra, se trasforma y sale con una forma y un sonido que cachetea a nuestra libertad.

Por M.U.

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Emergencia en Sociales

Emergencia es un Ciclo de Música e Investigación que se desarrolla desde 2006 en la Sala Osvaldo Pugliese del centro Cultural de la Cooperación.

¿Música e investigación? Sí!!flyercolor11

Se sustenta en la idea de que el proceso de formación y constante redefinición de la hegemonía, el orden dominante puede despreciar lo emergente, intentar incorporarlo o simplemente negarlo, excluirlo. Lo emergente se constituye en los nuevos significados y practicas que se crean continuamente y aun no han sido incorporados a la cultura dominante. Mientras que lo emergente mantiene ese carácter potencial o activamente alternativo, lo meramente nuevo implica otra fase en el devenir de lo dominante.

Emergencia nos habla del desafío de problematizar sobre lo emergente y apreciar con oídos activos, un arte que nos pertenece.

El 29 de mayo y el 5 de junio la Emergencia llega a la Facultad de Sociales. Ahí nos vemos.

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¿Música en emergencia? ¿¡Qué!?

Por Mariano Ugarte

Hoy la palabra “Emergencia” nos remite a las salidas que se vmatapl2olvieron obligatorias, reglamentarias y bien iluminadas luego de que la muerte de 194 pibes en Cromañón las pusiera en agenda. Mientras, un juicio para establecer responsabilidades, culpabilidades y negligencias tiene en vilo a gran parte de la sociedad, aunque el dolor no cesa.

Pareciera que hablar de puertas de emergencia no es hablar de música, pero no hay forma de entender la música -no hablo del hecho de gozarla- sin atender a su contexto histórico-material. ¿Dónde se desarrolla la música? ¿Cómo se reproduce, se consume, se deglute?

Atravesando al consumo festivalero de sponsors y al aluvión actual de chilinga2artistas internacionales existe en nuestra sociedad un contexto concreto, muy cercano -pero a años luz de los portaligas de Madonna-: la crisis de la izquierda; la hegemonía del capitalismo autoritario; las tensiones entre globalización y localización; la asunción del horror histórico de la dictadura y la lucha por la memoria; la espectacularización de lo social, entre otros encantos contemporáneos. En la música argentina la “emergencia” se entiende y se vive como urgencia. Pero también el concepto de lo emergente remite a otra concepción seguramente más política. Raymond William nos hablaba de esto, de esa búsqueda de reconocer las relaciones dinámicas de todo proceso cultural, definiendo las categorías de lo dominante, lo residual y lo emergente. Podríamos resumir que lo residual es lo que ha sido formado en el pasado pero todavía se halla en actividad, es lo remanente de un pasado cultural o artístico; lo dominante se asimila a lo hegemónico siempre dinámico y lo emergente puede ser razonado como lo que lo dominante excluye; es decir, lo emergente es un conjunto de prácticas, de valores y de relaciones nuevas o alternativas y potencialmente revolucionarias. Lo emergente mantendría un carácter alternativo y transformador.

Pensemos en la escena musical actual, en artistas como Gabo Ferro, flopaHamacas al río, Flopa, Florencia Ruiz, Coiffeur, Aldo Benítez… y la lista se postula interminable atravesando vastos géneros. Son emergentes, aunque suelen ser cargados -desde lo estrictamente musical- con motes apolíticos como indies, unders, etc. Su arte revoluciona y tensiona.

Estos artistas pueden quebrar toda convención y concepciones como “música culta”, “música popular”, “música bien o mal tocada”, “música nacional”, etc., tambalean en la emergencia. Lo emergente en el campo de la música es una zona privilegiada de la cultura, que nos permite ver las dinámicas de la escena musical y los instrumentos de dominación, pero también las reapropiaciones, las resignificicaciones establecidas por los artistas y sus resistencias tanto simbólicas como materiales.

Estos músicos por su constante dinámica creativa y autogestiva nutren una zona que torna visible o semiotiza las tensiones sociales, los conflictos culturales, las políticas culturales y la asimetría cultural. Sea de forma explícita o implícita el artista emergente, esos que iluminan la escena actual, que coquetean con las discográficas o levantan la bandera de la independencia, que hacen un uso productivo de las herramientas tecnológicas, que generan un lazo de fidelidad con su público, son sujetos políticos. Como respuesta a los profundos procesos de transculturalización y presunta homogeneización cultural, desarrollan en su actividad artista acciones de resistencia que oxigenan la música actual y riegan la esperanza de que frente al sonido de la música podamos alcanzar el pleno, trascendental y revolucionario goce.

 

* Periodista / Coordinador del Área de Música del C.C. de la Cooperación / Autor de Emergencia: Cultura, música y política

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