
Afiche de marzo 010
El diseño de C. Medín.
Ponele una ficha al Ciclo emergencia o era un afiche? Arte de puerta del mes de marzo

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Ponele una ficha al Ciclo emergencia o era un afiche? Arte de puerta del mes de marzo
Comienza el Ciclo Emergencia 010 con Catalina Vin en Vivo. Viernes 5 y 12 de maroz a las 24 hs. en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, Corrientes 1543.

Catalina Vin Band presenta Genuine


Paradójicamente, el llamado «rock para chicos» maduró. Desde que, a fines de los 90, surgieron las primeras bandas, se fue consolidando una escena que parece confinar a la clásica canción infantil a la vitrina de los recuerdos. Papando Moscas, La Banda del Musiquero Loco, los Sin Cebolla, entre otros, encabezan una tendencia que crece con shows en vivo y suele incluir coloridas comuniones rockeras para toda la familia, entre la experiencia teatral, lo lúdico y el ritmo.

«Ver pulgas de 3 o 4 años con la remera de tu banda, está buenísimo. Hay chicos que ya son grandes y fueron a un recital de Los Piojos y dijeron: “Antes de ver a Los Piojos, vi a los Sin Cebolla”. Queremos ser la primera banda de rock de los chicos», comenta Andrés Pederiva, músico de Sin Cebolla, que no acepta el rótulo de «rock infantil». «Como hay un rock para adultos, también hay uno para chicos. Y nosotros lo hacemos en sus variantes de reggae, ska, punk, pero de la forma en que se debe hacer. Hay una idea de que la música para chicos tiene que sonar mal o de manera “chi-qui-ti-ta”, pero para nosotros no es así».
En la misma sintonía, Gustavo Libedinsky, líder de Papando Moscas, la más convocante de estas bandas, sostiene: «Eliminamos la palabra infantil porque está bastardeada, habitualmente se entiende como aniñado. Tratamos de escribir en un lenguaje claro, contamos historias basadas en la vida cotidiana de los chicos, en la relación con sus pares, con los adultos, sus juegos, la escuela. También tomamos situaciones que podrían ser de conflicto y las encaramos desde el humor. Luego de cuatro discos, hemos logrado un estilo propio».
La Banda del Musiquero Loco, por su parte, demuestra que, aunque sea para pequeños, la ejecución musical puede ser impecable. Este dúo está compuesto por la saxofonista Mariela Chintalo y el tecladista Diego Dubarry, que fueron parte de las bandas de Charly García y Fito Páez. «Nunca lo vivimos como un antagonismo, sino como un complemento», dirá Chintalo, también vocalista de una de las bandas que más adeptos tiene entre los hijos de famosos.
Parece ser que los chicos de entre 2 y 10 años quieren rock. Luego saltarán con una base rockera a los recitales de las grandes bandas, que cada vez convocan un público más púber. En vivo, la consigna es atrapar la atención de los niños. Los shows duran poco más de una hora y son un compilado de ritmo, energía e información visual y sonora; puede haber personajes que entran y salen de escena al ritmo de las canciones, máquinas de humo y láser. La idea es no quedarse quieto. ¿Qué chico lo hace? La mayoría de los integrantes son maestros de música o tuvieron alguna experiencia en la docencia preescolar. Pero se despegan del triángulo, el toc-toc y la canción del Sapo Pepe (actual hit de los jardines de infantes). «Sobre lo que hacemos hay prejuicios, principalmente de la gente que no es del palo del rock», comenta Pederiva. «Nosotros nos separamos de la música naif. Hace un tiempo vos decías “rock” y los padres te contestaban: “¡No, si en el jardín se escucha la música del patito cuac-cuac”».
«Estamos más cerca de la imagen del rockero que de la del maestro jardinero», dice por su parte Libedinsky. «Salimos a escena con todos los ingredientes que demanda el rock puestos al servicio de un espectáculo para chicos», y, entre bromas, agrega: «Si somos los Rolling Stones argentinos del rock para chicos, yo soy Mick Jagger… bah, peso el triple». El humor es fundamental en estas propuestas, que no sólo existen en formato grupal: además de los populares Luis Pescetti, Adriana o Magdalena Fleitas, entre otros, más ligados al «clásico» sonido de música infantil con algunos ritmos latinoamericanos, existen solistas para chicos con aires de rock.
Mariana Cincunegui, quien fuera integrante de Piojos y Piojitos y, junto a Los Pandiya, una de las primeras en incorporar un sonido eléctrico en las canciones para niños, editó recientemente el recomendable disco AlasMandalas. Cincunegui grabó con músicos de jazz de la talla de Ernesto Jodos, Juan Cruz de Urquiza, Daniel Maza y Ricardo Nolé. Otra solista destacable es Gertrudis y su perro vaca, con el recomendable Canciones para estar despierto, cercano al jazz y al blues. Para los que le gusta recorrer bateas, los discos para chicos de la brasileña Adriana Calcanhotto son para el deleite.
Aunque este fenómeno parece estar en franco crecimiento, Gustavo Libedinsky no se anima a hablar de tendencias. «María Elena Walsh se sigue versionando porque creo que es un clásico, y quién no respeta su obra. Pero podemos diferenciarnos de ese estilo, como tampoco cantamos sobre conductas a seguir: no bajamos línea. Para aprender hay otros caminos, no enseñamos a cepillarse los dientes ni cuándo hay que dejar los pañales. Tratamos de entender a los pibes como padres y docentes y, también, de ponerle humor a situaciones cotidianas, para desdramatizarlas».
El fenómeno es un choque de subculturas: la rockera de sexo, drogas y rock and roll y la del mundo infantil. «Mamadera, chupete y rock and roll», postula Libedinsky. Y completa: «La cultura del rock entrando al 2010 creo que está llena de fetiches y clichés, que muchas veces son un juego o una estética impuesta. De eso nos reímos. No me animaría a decir que somos “Peter Capusotto para chicos”, pero la actitud rock del reviente, el “no me importa nada”, ya son parte de un chiste y nosotros también nos reímos».
Mariano Ugarte
Para ver la nota:
http://www.acciondigital.com.ar/01-03-10/agenda.html
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