La fundación en 1958 del Instituto Movilizador de Fondos
Cooperativos (IMFC) produjo una profunda transformación en el cooperativismo de crédito argentino, la que redundó en un acelerado crecimiento en los años siguientes. En ese momento existían en la República Argentina 197 entidades con una operatoria cerrada y cuasi mutual, basada en el capital propio y formas inorgánicas de ahorro.
Siete años después funcionaban en el país 974 cooperativas de crédito, las que operaban en más de 300 localidades de 17 provincias y manejaban entre el 9% y el 11% del total de los depósitos del sistema financiero. La operatoria de estas entidades era cuasi-bancaria y se basaba en la captación de recursos a través de cuentas a la vista y la existencia de una cámara compensadora nacional de ordenes de pago[i].
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