Archivo de Marzo de 2017

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Historia del cooperativismo puertorriqueño (1847-1946)

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Revista Idelcoop Nº220

Por Juan Enrique Santana Félix

El trabajo aborda la contribución del cooperativismo en la solución de las necesidades básicas, principalmente aquellas identificadas con la población más desventajada y marginada, en particular la clase trabajadora puertorriqueña.

Intentamos trazar una ruta para ilustrar cómo nuestros antepasados desarrollaron distintas formas de cooperación para atender sus necesidades, y analizar las instancias que hicieron viable su implantación y desarrollo incluyendo las realidades históricas, sociales y económicas del momento.

Pretendemos además demostrar los inicios del cooperativismo puertorriqueño mediante la organización de pequeñas empresas artesanales o de trabajadores que promovieron una nueva doctrina social incluyendo el nacimiento de “barrios obreros” que reflejaban marcadas diferencias de todo tipo y que demandaban ciertos tipos de organización social para la solución de sus problemas.

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1976, 24 de Marzo, 2017 - NUNCA MÁS

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Declaración del IMFC por el 41° aniversario del golpe cívico militar

El ejercicio de la memoria es una práctica indispensable para comprender el pasado y, sobre todo, para evitar que los errores y horrores cometidos se vuelvan a repetir.

A medida que transcurre el tiempo histórico y nuevas generaciones se incorporan a la vida ciuda­dana, muchos de los acontecimientos que ocurrieron en los años precedentes pueden borrarse de los recuerdos o bien distorsionarse por falta de información, o a la carencia de una cultura política demo­crática. En particular, para que no prosperen las posturas negacionistas como las que surgieron re­cientemente.

Transcurridos 41 años desde el fatídico golpe cívico militar que instauró la última dictadura, es ne­cesario hacer un recorrido breve pero contundente sobre aquellos hechos luctuosos y sus consecuen­cias, no sólo en términos de las vidas humanas masacradas por el terrorismo de Estado -que fueron 30 mil- sino también por los efectos económicos, sociales y culturales, muchos de los cuales han per­durado hasta el presente. Hagamos memoria, entonces.

El 24 de Marzo de 1976 el diario Clarín titulaba en su tapa “Nuevo gobierno”. Por su parte, el matu­tino La Nación reproducía en su edición del 25 de marzo de ese año la proclama de la Junta de Co­mandantes, bajo el título “Las Fuerzas Armadas y su determinación”.

El texto en cuestión reproduce muchos de los lugares comunes que utilizaron los golpistas desde la primera asonada del 6 de septiembre de 1930, cuando derrocaron al gobierno constitucional de Hipó­lito Yrigoyen. En efecto, el manifiesto destituyente del 76 comenzaba diciendo: “Agotadas todas las instancias del mecanismo constitucional, superada la posibilidad de rectificaciones dentro del marco de las instituciones y demostrada en forma irrefutable la imposibilidad de la recuperación del proceso, por sus vías naturales, llega a su término una situación que agravia a la Nación y compromete su fu­turo”.

Más adelante expresaba: “Las Fuerzas Armadas, en cumplimiento de una obligación irrenunciable, han asumido la conducción del Estado. Una obligación que surge de serenas meditaciones sobre las consecuencias irreparables que podría tener sobre el destino de la Nación una actitud distinta a la adoptada… Es una decisión por la Patria y no supone, por lo tanto, discriminaciones contra ninguna militancia cívica ni sector social alguno”.

Obviamente, no había referencia alguna al nefasto Plan Cóndor, del que participaron las fuerzas represivas de todo el Cono Sur, bajo la supervisión del Departamento de Estado de los EE.UU. de Nor­teamérica.

Pero el sentido profundo del avasallamiento de las libertades públicas y el genocidio perpetrado por los dictadores se puso de manifiesto a los pocos días del golpe, cuando el ministro de Economía del gobierno de facto anunció su plan el 2 de abril de 1976.

Ese día, José Alfredo Martínez de Hoz puso en marcha un conjunto de medidas cuyo eslogan lo ex­plicaba todo claramente: “achicar el Estado es agrandar la Nación”.

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¿Propiedad privada o derecho al trabajo?

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Nuevamente el cooperativismo es blanco de difamaciones en los medios de comunicación hegemónicos. No se trata de una excepción, sino de la perspectiva neoliberal que se afianza apañada por un gobierno nacional en abierta oposición ala organización del  trabajo autogestionado.

Frente a esta situación, queremos poner  nuevamente en escena qué son y cuál es la finalidad de las empresas recuperadas por sus trabajadores/as, para mostrar que de ningún modo se puede hablar de “ocupaciones y ocupantes ilegales”.

No sorprende el ciego apoyo al sector empresario y la aguerrida defensa de la propiedad privada, mediante la negación del interés público y la obligación del Estado de garantizar el derecho al trabajo, en consonancia con el veto del presidente Mauricio Macri de la Ley de expropiación del Hotel BAUEN, una Ley sancionada por amplia mayoría en el Congreso de la Nación.

El Decreto presidencial contradice la decisión de los representantes del pueblo y habilita una nueva orden de desalojo prevista para el próximo 19 de abril. La ley de expropiación resolvía una disputa de más de 14 años en favor de los/as trabajadores/as que se hicieron cargo de un hotel quebrado frente a la estafa y el abandono de sus dueños, en plena crisis de 2001.

Los/as trabajadores/as lo hicieron, en un principio para mantener su fuente de ingresos. Luego el proyecto se consolidó y logró incorporar nuevos/as asociados/as e invertir en la mejora de las instalaciones. El resultado, como ellos mismos cuentan, es un espacio social y cultural de puertas abiertas, un hotel al servicio de la comunidad.

Para los/as 130 integrantes de la cooperativa y sus familias, el BAUEN representa mucho, es un trabajo digno y un proyecto de vida por el cual están dispuestos a seguir luchando. Para organizaciones sociales y políticas, intelectuales, artistas nacionales e internacionales y ciudadanos/as que todos los días nos acercamos a expresar nuestra solidaridad, es un proyecto a defender. Por eso conviene hablar de legitimidad, reconocimiento social y derecho al trabajo, tres cuestiones que caracterizan claramente a esta empresa recuperada y son sistemáticamente negadas por el gobierno nacional y los medios de comunicación dominantes que acompañan un posicionamiento en contra del trabajo y los/as trabajadores/as.

El veto la Ley de expropiación y esta nueva orden de desalojo no son hechos aislados ni afectan exclusivamente a los/as trabajadores/as del BAUEN, son un modo de concebir una sociedad para pocos y un modelo económico que excluye las formas solidarias, autónomas y democráticas de organización del trabajo cooperativo y los avances en la construcción jurídica y política en favor de los/as trabajadores/as.

Las cooperativas no buscan el beneficio individual ocupando un espacio privado, sino que construyen ámbitos sociales, culturales, educativos y simbólicos de integración social.

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Las Mujeres en la Construcción de la Economía Solidaria y la Agroecología. Textos para la Acción Feminista

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Sea en el campo, las ciudades, ríos o bosques, la práctica cotidiana de las mujeres es al mismo tiempo de resistencia a los ataques del capitalismo patriarcal sobre la vida y de construcción del mundo en el que queremos vivir.

Desde la lucha para que el mercado no sea el referente de organización de nuestras vidas, la SOF (Sempreviva Organização Feminista) está involucrada en una serie de procesos en los que un conjunto de mujeres, movimientos y organizaciones sociales plantean la urgencia de otro paradigma de sostenibilidad de la vida, y construyen caminos para lograrlo.

Esta publicación es un esfuerzo más por seguir iluminando las experiencias, las elaboraciones y las propuestas políticas de las mujeres en movimiento que con su acción organizada, impulsan cambios concretos en sus vidas y de sus comunidades, en la economía, la política y las relaciones sociales.

En nuestra trayectoria, cambiar la economía en el sentido de que esta se base en los valores de la solidaridad, la reciprocidad, la justicia y la igualdad es un reto permanente. La economía feminista es una herramienta para ello, que se concreta en la actuación en diferentes áreas, entre ellas claramente la economía solidaria y la agroecología.

La economía feminista nos impulsa a ampliar lo que se comprende como trabajo, incluyendo no solo lo que es remunerado, sino todo lo que es necesario para la producción de la vida, de los bienes y servicios que necesitamos, de las relaciones, los afectos y los cuidados que todas las personas necesitan a lo largo de sus vidas.

Esto nos permite comprender la interdependencia entre los procesos que garantizan que la sociedad se sostenga y, más allá de revelar que la reproducción de la vida es esencial para la producción de mercancías, plantea que el centro de nuestra organización social y económica no debería ser el mercado y las ganancias, sino el cuidado con la vida.

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¿Quiénes son los ilegales?

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Los trabajadores del Bauen les responden a la editorial sin firma del Diario La Nación titulada “Ocupaciones ilegales”.

15 de marzo de 2017. Revista Cítrica

El martes 14 de marzo, el diario La Nación publicó una editorial en la que se lamentaba, con su habitual prosa anacrónica, por las “ocupaciones ilegales” y la falta de respeto que existe en Argentina por la propiedad privada. Teorizaba sobre que la multiplicación de villas de emergencia era una consecuencia directa de eso; hacía una superficial reseña de las fábricas recuperadas, a las que calificó como “toma de fábricas”; y ubicaba al Hotel Bauen como un episodio “paradigmático” de las violaciones a este derecho: el derecho a la propiedad.

Como parte involucrada en esta historia, nos gustaría hacer una aclaración que La Nación no contempló, y que se torna sustancial a la hora de analizar el caso del Bauen: se habla de propiedad privada cuando una persona o una empresa obtiene, controla o compra un bien, algo que la firma Mercoteles concretó de manera por lo menos dudosa. La familia Iurcovich -titulares de Bauen Sacic y Mercoteles S.A.- nunca pagó el Hotel. Pidió una serie de créditos hipotecarios que tampoco saldó. Entonces, antes de enfocarse en el derecho a la propiedad, estaría bien preguntarse ¿de quién es el Hotel verdaderamente? ¿De todos los argentinos y del Estado, que prestó un dinero que nunca fue devuelto? ¿O de estos capitalistas sin capital, que aprovecharon las distintas oportunidades crediticias estatales para conformar una sociedad que, de modo sistémico, deshonró sus deudas?

En su editorial, La Nación cuestiona el funcionamiento parlamentario -que aprobó, en sus dos cámaras, el proyecto de ley de expropiación y cesión del hotel a sus trabajadores- y avala el veto de Mauricio Macri, al marcar que “está fundado y le evita al Estado el desembolso de unos 30 millones de dólares”.

Esos 30 millones de dólares de los que habla representan un número ficticio. Es un precio de mercado que se estipuló vagamente. ¿De dónde salió esa cifra? Bastante fácil de explicarlo: la familia Iurcovich alega que, en la actualidad, el metro cuadrado en Callao y Corrientes cuesta dos mil dólares. Lo multiplicó por los 15 mil metros cuadrados que tiene el hotel y listo: la calculadora marcó 30 millones.

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¿Cómo construimos entre todas vidas más habitables?

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Comunicado del REAS Red de Redes de Economía Alternativa y Solidaria (España) para el 8 de marzo:

El capitalismo heteropatriarcal nos presenta un mundo compuesto por dos esferas dicotómicas -productiva y reproductiva-, aparentemente armónicas, que, sin embargo, está plagado de tensiones.

Cuando nos dicen que sólo el ámbito productivo genera riqueza y aumenta el PIB, nosotras respondemos que los hogares son productores de bienes y servicios esenciales para la vida y que han sido sistemáticamente olvidados en los análisis económicos, con todos los efectos perversos que esa constante invisiblización tiene para la vida de las mujeres. Cargas ingentes de cuidados escasamente repartidas que nos enferman y empobrecen y que se ven como una limitación en un mercado laboral excluyente que nos relega a sectores feminizados muy mal remunerados.

Cuando nos cuentan que el crecimiento económico revierte en toda la sociedad y que la mejor manera de crecer es producir más, nosotras les recordamos, por un lado, que el funcionamiento del libre mercado no responde a las necesidades de la mayoría de las personas ni de los pueblos; y, por otro, que la idea de que el crecimiento es deseable e, incluso, posible en un mundo finito, no tiene ningún sentido.

Cuando insisten en que el mercado es autónomo, que se autoregula y que las personas son libres para elegir y moverse en él, nosotras decimos que se ha dejado en manos de las mujeres la responsabilidad de la subsistencia y el cuidado de la vida, y nos preguntamos quién cuidaría de la vida si mujeres y hombres nos comportáramos con absoluta libertad, dando prioridad absoluta a la participación en el mercado capitalista.

Y cuando nos dicen que la Vida no puede estar en el centro de la economía, nosotras respondemos que la economía es la gestión de la Vida y que es precisamente la sostenibilidad de esta vida lo que debería estar en el centro de cualquier análisis o toma de decisión en el ámbito económico.

Tenemos claro que el cuestionamiento y la confrontación con el patriarcado y el capitalismo son elementos clave para la construcción de alternativas. Y, también, que para construir una economía solidaria y feminista debemos transformar no sólo nuestras formas de hacer, sino también a nosotros y nosotras mismas, y a nuestras organizaciones.

¿Por dónde empezar? Avanzamos y compartimos (al menos) doce propuestas…

1. Sensibilizar y generar conciencia crítica a nuestro alrededor. Formarnos y capacitarnos.

2. Que nuestros compañeros de la economía solidaria comiencen con esa revisión de la masculinidad hegemónica que exige cuestionar y renunciar a privilegios de género.

3. Mirarnos hacia lo interno. Realizar diagnósticos de la situación de mujeres y hombres en nuestra organización para identificar dónde están las desigualdades y establecer acciones concretas que nos permitan ir eliminándolas.

4. Promover procesos de empoderamiento de las mujeres. Preguntarnos ¿dónde están y dónde participan las mujeres de nuestra organización? ¿existe el techo de cristal, dificultades para acceder a los espacios de toma de decisiones? ¿Qué modelos de participación tenemos?

5. Transformar nuestros procesos de trabajo. Diseñar planes operativos que incluyan TODAS las tareas (productivas y reproductivas) que hacen sostenibles nuestras causas y preguntarnos quién hace cada una de ellas, cómo se traducen en términos de valor monetario, etc.

6. Revisar  nuestra cultura organizacional, analizar los valores que predominan en nuestras organizaciones, muchas veces, contaminadas por la idea de “militancia heroica” valorando y premiando a aquellas personas que trabajan muchas horas, que nunca dicen que no, que nunca están cansadas y que no son emocionales. A aquellas para las que el empleo es el centro de sus vidas y de su proyecto vital.

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Lxs trabajadorxs del BAUEN no bajan los brazos


Ayer presentaron su plan de lucha, en defensa de su fuente de trabajo y -en en sentido amplio- de las empresas recuperadas por sus trabajadores. El mismo incluye la constitución de una Comisión de Solidaridad.

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Convocatoria del BAUEN

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Los y las trabajadorxs del BAUEN nos convocan…

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Una alianza necesaria: derechos de la mujer y democracia económica

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Dr. Ariel Enrique Guarco. Presidente de la Confederación Cooperativa de la República Argentina (COOPERAR)

Nuestra sociedad está atravesada por desigualdades que bloquean el desarrollo sostenible. Una de las principales es la desigualdad entre los géneros. De acuerdo a los datos de Naciones Unidas, en los países en desarrollo las mujeres trabajan un 13% más tiempo que los hombres, con el agravante de que el 63% de su trabajo son tareas domésticas no remuneradas: cuidado, alimentación, limpieza, etc. La situación es similar en los países desarrollados. Las mujeres también trabajan más y el 64% son tareas no remuneradas.

En lo que hace a las tareas remuneradas, en el mundo la presencia de la mujer es más alta en los trabajos de menor calificación y mayor precariedad. Entre el 70 y 80% del trabajo doméstico es femenino, mientras que esta participación se reduce al 32% en las actividades de tecnologías de información y la comunicación.

La menor autonomía económica de las mujeres, resultado de sus dificultades para acceder a trabajos en igualdad de condiciones que los hombres, se reproduce en todos los ámbitos de la actividad humana. Solo el 22% de los parlamentarios, el 18% de los integrantes de gabinetes ministeriales y el 19% de los integrantes de las cortes supremas son mujeres.

En la dirección de los sindicatos sólo el 5% son mujeres. En el ámbito de las grandes corporaciones, donde reside el poder económico, la situación no es mejor.

Sólo el 4% de quienes ocupan el puesto de CEO son mujeres; la mitad de las grandes empresas de tecnologías de la comunicación no tienen ni una mujer en sus directorios.

Estos son sólo algunos indicadores de una desigualdad que debe superarse como condición necesaria para el desarrollo y la paz.

La ONU ha convocado cuatro conferencias mundiales sobre la mujer desde 1975. En la última de ellas (Beijing, 1995) se aprobó una Declaración y Plataforma de Acción donde se reconoce que la “potenciación del papel de la mujer y la plena participación de la mujer en condiciones de igualdad en todas las esferas de la sociedad, incluidos la participación en los procesos de adopción de decisiones y el acceso al poder, son fundamentales para el logro de la igualdad, el desarrollo y la paz”.

Es decir, lo que está en discusión es el acceso al poder por parte de la mujer en todas las esferas. Como luego agrega la plataforma, adoptada por 189 países “esto supone el establecimiento del principio de que mujeres y hombres deben compartir el poder y las responsabilidades en el hogar, en el lugar de trabajo y, a nivel más amplio, en la comunidad nacional e internacional”.

Cooperativas y democratización del poder económico

Si se trata de compartir el poder, el primer paso es democratizarlo. Aquí es donde resulta necesaria la convergencia de la lucha por los derechos de la mujer y la lucha por la democracia económica.

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Sindicalismo y economía social y solidaria

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Introducción

Xabier Anza Manu Robles-Arangiz Institutua

Cuando se habla de economía social y solidaria, y también de cooperativismo, no puedo sino recordar lo que nuestro sindicato (junto a otros muchos) era en las décadas previas a la guerra civil en nuestro caso y a la II guerra mundial en el caso europeo.

El sindicalismo protagonizó una experiencia singular de protección social y generación económica, toda vez que los sistemas públicos de seguridad social y de bienestar en general no se habían desarrollado. Sindicatos como el nuestro conformaron una importante red de economatos, cooperativas, seguros médicos y de fallecimiento para las familias, además de caja de resistencia para las huelgas, etc.

Ahora, en el contexto de la actual crisis, cuando los estados dejan de garantizar la protección por el imperativo de la austeridad, cuando se aplican sin misericordia las políticas de ajuste estructural, además del consiguiente empobrecimiento de las masas populares, se están creando lo que algunos han venido a llamar vacíos de estado. ¿Quién va a proteger cuando los estados no protegen?

El sindicalismo de clase tiene una gran responsabilidad en esta hora. Desde nuestra vocación democrática y progresista, debemos luchar porque no cualquier cosa ocupe esos vacíos. Y debemos construir la red de seguridad que lo haga posible. No creo que hoy el sindicalismo esté en condiciones de reeditar los mecanismos de protección y solidaridad que creo antaño. Pero tampoco creo que eso sea hoy necesario.

Afortunadamente, asistimos a la emergencia de espacios de economía social y solidaria, de movimientos diversos, y cabe pensar que el futuro que debemos alumbrar exige una complicidad nueva entre el movimiento obrero clásico y los nuevos espacios de movilización y de generación económica y social. El sindicalismo tiene sus pecados, es cierto. No es casualidad que cuando se habla de la etapa dorada del sindicalismo europeo, nos refiramos a una etapa en la que la economía de occidente se desarrolló sí, como economía del bienestar, pero también sobre un neocolonialismo, sobre el expolio irracional de los recursos del planeta y evidentemente sobre la explotación y discriminación de la mujer.

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